Magnicidio

La proliferación de las redes sociales ha servido para dimensionar el descontento hacia la figura del político, el desprecio hacia los partidos y el poco interés, por parte de la gente, a participar de elecciones. La demagogia nos tumbó el ánimo y mermó la credibilidad a los líderes sociales. La política como concepto se convirtió en un adjetivo peyorativo y mutó las elecciones en un fraude/circo del que no quiero ser parte.

Hasta los 30 años me parecía una pérdida de tiempo hablar del tema, sin embargo todo cambió de manera sorpresiva y brutal cuando compré una casa, formé una familia y noté que comenzamos a tener códigos conductuales. Estos se formaron en base a propuestas y confrontaciones: tenemos leyes de seguridad, planes de emergencia, vivimos del cooperativismo, en equidad e igualdad, sin jerarquías, vivimos en respeto, comunión y tomando decisiones con asambleas informales mientras comemos tostadas y bebemos té.

Aun así, viendo mi familia como una asociación anarcocomunisma, seguía sin querer mirar más allá de la reja que demarca mi territorio, hasta que una tarde un tipo se metió a la casa de mi vecino con la intención de robar. En ese mismo momento llamé al resto de los vecinos y alerté a todos los que pude, sin quererlo, muy pronto estaría conformando un Comité de Seguridad y noté que mi casa, mi familia estaba inserta dentro de otro grupo: una villa conformada por 82 casas más.

Ser miembro de una organización comunitaria me ayudó a notar que aquí viene lo difícil, lo que suena chanta, a embeleque propagandístico me agrada ver personas que motivadas por el amor se agrupen para formar una familia, y que esas familias, motivadas por el bienestar, se agrupen para formar una organización comunitaria, y que su vez, esas organizaciones comunitarias, motivadas por el progreso y bien común, se agrupen para formar un Municipio. Todo esto limpio de la charlatanería de los partidos políticos.

Y mientras todo esto daba miles de vueltas por mi cabeza, y millones de conceptos se presentaban, me di cuenta que, tal como dice La Polla Records: La solución es una cámara de gas con los políticos adentro. Y aunque no me refiero literalmente a un magnicidio, si apelo a algo bastante similar, abogo a ignorar por completo los ideales que vende un Partido Político. Me inclino a educar al ciudadano, fomentar el conocimiento, hacer que la gente entienda el poder que tienen en sus manos y que finalmente un servidor público es eso, un servidor y no un privilegiado al cual debemos agradecer pavimentar una calle o pintar la fachada de una escuela.

Si la gente tuviese la conciencia del poder que tiene no necesitaríamos que payasos vinieran a administrar lo que nos pertenece.

¿Existen presidentes de Juntas de Vecinos que no vivan en la villa a la que representan?

¿Estarías dispuesto a que un rostro de la televisión viniera a administrar tu casa, tu barrio?

Entonces por qué demonios tomarlo como una opción de servidor comunal.

Lo anómalo o “ayuda sobrenatural” (Ver Mito Único o Monomito), por decirlo de alguna manera, es lo que ocurre mientras estoy en ese proceso: Me encuentro de cara con la candidatura independe a la alcaldía de un viejo conocido y termino colaborando en su campaña, y si bien trabajar en la creación de un programa comunicacional para una campaña política no es algo nuevo para mí pues por trabajo he participado en dos, es primera vez que no sólo me involucro en eso, sino que también en las propuestas, enfoque y estructura ideológica.

He aprendido un montón con esta experiencia, he tomado una postura y conciencia diferente. Quiero seguir este camino y aplicar mi sabiduría y mi tiempo en empoderar a la gente. Crear un movimiento, libre de militancia, que eduque, que motive, que unifique a los habitantes de mi comuna. Empapar a la gente con conocimientos cívicos y ganas de mejorar su barrio, su comuna.

Todo esto sin consignas izquierdosas o sonrisas de fachas, sin rostros de televisión o el sucio logo de un partido político. Es tiempo que cada habitante se haga responsable de la seguridad de su barrio, del embellecimiento, del crecimiento cultural y deportivo de su barrio.Que acabemos con los bastardos que han venido a aprovecharse de nuestra desunión e individualismo.

Terminando las elecciones buscaré gente, gente linda, que quiera hacer algo junto a mi y quemar la demagogia, para construir una mejor comuna.

Lograré que avenida Colón se rebautice como Avenida don Sergio Jara Carvajal y San Bernardo sea la capital del mundo.

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