Inhalador nasal, bufanda y disminución de melatonina

Llueve, estoy acostado con el laptop en las piernas escuchando Bix Beiderbecke And His Gang para darme ánimo. Escribo para evitar recuerdos, nostalgias y esas cosas tristes que vienen con la lluvia, con los días de menos luz, con el frío que hace que me sienta pobre y desprotegido.

Durante la infancia amaba la lluvia, en mi adolescencia me fue indiferente, ahora la detesto. Imagino que algún instinto básico me obliga a buscar protección cuando llueve, a sentir la lluvia como una amenaza realmente invasiva, entonces me pregunto, sí, porque siempre me pregunto cosas:

¿Por qué carajo la lluvia nos entristece?

Cuando era un crío, mis padres me compraban EL LIBRO DE LAS 1000 RESPUESTAS, un suplemento de Diario La Nación. Recuerdo muy bien que ahí estaba esa respuesta, pero el frío me imposibilita ir a la mansarda y buscar entre mis cajas de revistas y juguetes de infancia, así que es tiempo de buscar mi propia respuesta.
La lluvia nos encierra, el encierro nos ensimisma y nadie en realidad se soporta a si mismo (en el caso que no les pase lo mismo, háganmelo saber para ver a un especialista) Siempre me he pasado la vida evitando charlar conmigo, un encuentro intimo con Sergio, la idea me aterra. Entonces vivo haciendo otras cosas, soporto gente para no tener que lidiar conmigo, me enfado con gente para no tener que enfadarme conmigo, fornico con gente para no masturbarme por necesidad, trabajo apatronado para no tener que rendirme cuentas y así.

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